¿Es esta verdad cognoscible?, ¿qué tipo de análisis requiere esta, difícilmente aceptada, tarea? Formularse un conjunto de instrucciones, como son, predeterminadas e imperativas, resultaría susceptible de posibles cambios, malinterpretaciones o negaciones; el punto de partida que debe considerarse como necesario cae en los hombros de la llamada “situación actual” del individuo. E sometido a una interminable serie de mutaciones a las cuales debe, por necesidad, hacerles frente yendo en pos de lo que su bestialidad dicta: reconociendo al egoísmo como un sistema de defensa y propagación del ícono nuclear del humano, como esa virtud “madre” capaz de generar estímulos de supervivencia y convenientes, reconociéndole como es agente que predomina en la diversificación constante entre el cascarón anti-ser y el ser. Los principios naturales que definen a este ser exigen de la consciente apelación a esta madre, que es la nuestra; nos nutre y enaltece, resguarda e identifica, sólo como ésta lo haría.
miércoles, 23 de febrero de 2011
La separación evidente que el ser estrictamente filosófico y racional concibe dentro de la especie humana viene dada por el desligamiento de todo producto, acto artificial, que se deriva del intento del mismo productor por encontrar respuestas que corren más allá de su propia esencia; esto es, necesariamente, intentar sustituirse o autodestruirse por medios que gozan de una autoridad vigente, pero carente de todo sentido ontológico real.
domingo, 6 de febrero de 2011
¿Bajo qué argumentos debemos definir al ser del no-ser humano? Se puede partir de un concepto general de esencia o naturaleza aplicado, en este caso, a seres animales; esta propiedad como la naturaleza del ser es única e irremediablemente absoluta, carece de movilidad o mutaciones, es, en un sentido ideal platónico, perfecta. Al ser lo que es, si se le añadiese o atribuyera cualquier otra característica que, ahora, obligatoriamente sería artificial y humana, dejaría de ser lo que en realidad es. Este movimiento es completamente imposible puesto que el producto no puede definir al productor; el productor define al producto. En este sentido, la naturaleza humana parte de concebirse como la antítesis del movimiento de “creación plástica”, la cual se intenta someternos de una manera abrupta y estridente; no se ve afectado, ni así se verá, por ideas anti-humanas. Consideremos que bajo la designación, actualmente arbitraria, de “humano”, se comprende exclusivamente a ese ser que se hace acreedor de una naturaleza exquisita, con la diferencia, en términos de superioridad, que cuenta con una herramienta, producto de la selección y la evolución, la cual lo ha coronado como “rey de las especies”. Esto es un ser humano, un ser incapaz de adquirir conciencia sobre lo que en verdad es, un ser retrógrada sumido en un personaje de ficción hereditaria, un ser con la posibilidad de extinguir su propia naturaleza y, a la vez, un animal puro, animal amoral y selectivo, ser de seres comunes, natural y esencial.
martes, 1 de febrero de 2011
El demonio del ser
La verdad del ser que no es
Cabe destacar una separación inminente, lógica y deducible, que de hecho existe, dentro de la especie humana, a pesar que este término es completamente ambiguo aún refiriéndose a esos mamíferos dotaos de inteligencia y que se reproducen sin cesar. Los caminos en que estas características de la clasificación se manifiestan, toman sus bases dentro de uno de los engaños más colosales que el hombre se ha encargado de “profesar” a sí mismo, degradando de una manera “heroica” su propia naturalidad y esculpiendo, a partir del intelecto, su propia destrucción ontológica y natural. El conocimiento verdadero de uno mismo, adquirido por medio animales, se difumina de manera constante y grosera; el ser, a pesar de su categorización abundante intelectual, no ha sido capaz de reconocerse en el espejo. La esencia, muy por debajo de capas rocosas empapadas de conceptos anti-humanos, se retuerce y agoniza, suplicando por el mesías idílico del pensamiento desbocado, racional y verdadero; lentamente se hunde más y más en su desgracia y en la inmundicia de los ideales morales, está atrapada.
domingo, 21 de noviembre de 2010
Así, queda expuesta de manera general la forma en que la esencia se verá proyectada en la individualidad mental, pero, ¿qué pasa, en un sentido inverso, con ambos conceptos? Así como la esencia es la base para lograr una definición auténtica, verdadera, colectiva y, más extraordinariamente, una comprobación empírica del hecho del ser, la mente, de forma individual, fungirá como una fuente de investigación bibliográfica para así, sin miedo a errar y ofreciendo verdaderamente lógica y deducible, llegar a la realización de la naturalidad o esencia del ser humano. Por medio de instrumentos de evaluación, por qué no llamarlos empíricos, y una observación del sentido que el ser exterioriza, haciendo mucho más énfasis en los procesos psicológicos y mentales del individuo, podemos encontrarnos con esa esencia, ese principio “divino” por el cual todo ser es lo que es, no aparentemente ni subjetivamente, esa herramienta que nos desvelará todo el universo de entendimiento racional de los seres, más específicamente, de los seres humanos estricta y correctamente definidos bajo la universalidad que recae directamente sobre la idea que los alumbró e identifica de la forma más natural posible para el hombre, el padre de la verdad humana, anunciadora de la mentira socrática y platónica, creadora de verdaderos seres humanos, promotora de la supervivencia física y metafísica del individuo pensante y racional.
La relación cuerpo/esencia se presenta de forma simbólica, por sí llamarlo, en un sostenimiento constante de uno a la otra y viceversa: la esencia, para lograr esa identificación universal y verdadera, esa individualidad en significación lógica y racional, deberá valerse del cuerpo, en el sentido siguiente: la esencia viene junto con la corporeidad, no como iguales o semejantes, pero sí como un innegable complemento para dar vida a un ser recién creado. El desarrollo de esta naturaleza se da de manera inmediata en el momento en que se afirma que “ese ser” es “un ser”, es decir, cuando se le reconoce como parte de una especie. La esencia, recordando que está previamente establecida al desvelamiento, ayudará a definir, o mejor dicho, proyectar de manera externa, física, la verdadera naturaleza y caracterización reconocida del ser, en este caso, del humano. Esto puede entenderse de manera más objetiva si afirmamos que, entonces, la esencia o naturaleza será el titiritero de la totalidad individual. Esta afirmación puede, en ciertos casos, ser rotundamente negada si y sólo si se trata con temas relacionados a las funciones y actitudes motoras del aspecto físico, pero, es imperativo el concretizar que me refiero única y exclusivamente a la frágil mente humana.
ESENCIA
Antes de continuar formalmente describiendo las formas de realización moral y anti-moral del ser, me parece, para lograr el completo entendimiento del lector, necesario para esta tarea dar la significación de la esencia como factor primero y distintivo del ser humano. Entendamos a la esencia como esa característica primigenia de todo ser; define formal y unívocamente la identificación universal. Entendida de esta manera, podernos presumir a la esencia como el único concepto metafísico capaz de ser, de concretizar, individualizar; capaz de crear y develar. Así, acercando este término a bocas platónicas, la esencia es inmutable, inalterable, podría decirse que hasta cierto punto de vista, modificado por deformaciones y concepciones teológicas, es algo “divino”. Ahora, tenemos un ideal similar a una de las partes que nos muestran Sócrates y Platón, pero caeríamos en un error al divinizar, ahora, en un sentido trascendental humano, la idea de esencia; esto quiere decir que, por ningún motivo, bajo ninguna circunstancia, y no se puede llegar a un conocimiento a posteriori por algún método alternativo físico, se deberá suponer a la esencia como eterna e imperecedera. Aquí no se presentan los fenómenos que dan lugar, cuando se da una separación de conceptos, a la permanencia indefinida de alguno de ellos, en este caso, la esencia.
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